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El mundo ha cambiado y los líderes tienen que cambiar. No necesitan ser excepcionales, no necesitan saberlo todo, no necesitan tener todas las respuestas, no necesitan ser los héroes. Pero lo que sí necesitan, sobre todo, es ser humildes.

La crisis del COVID-19 y el comienzo de la guerra en Ucrania han transformado el mundo. Es el momento de la historia de la humanidad de mayor disrupción. Nos ha recordado la fragilidad de nuestra sociedad, de nuestros negocios, organizaciones y de nuestra propia vida. En este momento de cambio exponencial, hay una cosa meridianamente clara: los líderes son más importantes que nunca. Paradójicamente, es también el momento de la historia de mayor falta de liderazgo. La confianza en nuestros líderes está bajo mínimos históricos. Sólo el 52% de las personas confían en los líderes empresariales y la confianza en los líderes políticos es incluso más baja, en torno al 34%, según los datos del último barómetro de confianza de Edelman 2022. La confianza es la moneda de cambio del liderazgo. Sin confianza, no hay liderazgo y sin liderazgo no hay cambio. 

El liderazgo es el tema sobre el que más se ha escrito en las ciencias sociales. Estamos programados para seguir a los líderes porque en ellos depositamos nuestras esperanzas para solucionar nuestros problemas y aprovechar las oportunidades. Los líderes son esenciales para coordinar cualquier acción colectiva. Son el pegamento de nuestra sociedad alineando intereses y esfuerzos individuales para la consecución de metas comunes. En nuestra mente, los líderes representan la identidad social, el sentido de pertenencia, los valores compartidos y las metas colectivas. 

Pero el liderazgo evoluciona. El mundo ha cambiado y los líderes tienen que cambiar. Necesitamos una modernización del liderazgo. No es efectivo liderar desde la autoridad y la cadena de mando, sino desde la autenticidad con humildad. No es la posición lo que hace al líder, sino el respeto y la confianza que genera en sus equipos. Y la confianza se gana a través de la humildad – conoce tus talentos, pero también tus limitaciones. El autoconocimiento es la cualidad más importante de un líder. Tienes que gestionarte a ti mismo, antes de poder gestionar a los demás. Cuando tienes un nivel bajo de autoconocimiento es imposible dirigir personas y equipos. Toma conciencia de ti mismo, de tus hábitos y de tus relaciones. 

Sin embargo, como decía Benjamín Franklin: “Hay tres cosas extremadamente duras: el acero, los diamantes, y el conocerse a uno mismo.” Dedica tiempo a conocer tus habilidades, personalidad, valores y tus limitaciones. ¿En qué eres bueno, cuáles son tus destrezas? Tus valores: ¿qué es importante para ti en la vida y en el trabajo? Tu personalidad: ¿qué situaciones te hacen sentir con energía y vitalidad? Una percepción equilibrada de nosotros mismos es lo que nos permite ser capaces de ver los puntos fuertes de los demás. 

¿Qué diferencia a los líderes humildes de los líderes narcisistas? Los líderes humildes tienen una visión balanceada de sí mismos, piden ayuda a los demás y reconocen las contribuciones de sus colaboradores. Es ahí donde radica el poder transformador de la humildad. Un líder humilde sabe que no lo sabe todo. Tienen éxito porque son capaces de desarrollar y sumar el talento de todos los miembros del equipo.  

Las investigaciones han demostrado que las personas humildes son mejores líderes. La humildad no significa falta de confianza en uno mismo. Los líderes humildes reconocen sus fortalezas, pero también son conscientes de sus debilidades. Tienen una percepción balanceada y saludable de sí mismos. Celebran sus virtudes sin exagerarlas hasta el punto de convertirse en arrogantes, y reconocen sus áreas de carencia sin que por ello pierdan la confianza en sí mismos. La humildad lleva al éxito en el liderazgo y en la vida cuando va acompañada de voluntad de acción. Cuando los líderes muestran humildad, en lugar de arrogarse todo el éxito, sus colaboradores están más comprometidos con la tarea y con la organización. La humildad es la mejor fórmula para ganarse la confianza de los demás.

No es el carisma lo que hace al líder, sino el carácter. La razón por la que la humildad nos lleva al éxito es sencilla: capacidad de aprendizaje. El aprendizaje es un acto de humildad. El primer paso para aprender es ser consciente de la incompetencia. Para ser un líder excepcional no tienes que conocer todas las respuestas, sino saber hacer las preguntas adecuadas a las personas correctas. Sin embargo, muchos líderes tienen miedo a reconocer que no son perfectos. La autenticidad en el liderazgo y en la vida significa sentirse cómodo con tus propias imperfecciones. Ser fiel a ti mismo para poder seguir aprendiendo y alcanzar tu mayor potencial. 

Sin embargo, tenemos una imagen glorificada de los líderes en nuestra consciencia colectiva. Hemos sido culturizados con una visión heroica del liderazgo que dista mucho de la visión que se necesita para solucionar problemas complejos en este mundo caótico. Por esta razón, tendemos a encubrir como grandes líderes a personas que luego son déspotas y egoístas. Los líderes carismáticos, pero con actitud narcisista, suelen tener una gran capacidad de seducción. Al inicio de la relación se presentan seguros de sí mismos y aparecen como una solución fácil a los problemas en el corto plazo. Emergen como un salvador para navegar el tsunami de cambio con cualidades extraordinarias. Pero, la realidad es que los líderes narcisistas sólo se preocupan de sus propios intereses y a largo plazo tienen consecuencias negativas para su equipo y para sí mismos. El fracaso de los líderes narcisistas radica es su falta de atención hacia el talento de los demás. 

Hubris es un término griego que significa desmesura, omnipotencia y arrogancia. Lo opuesto es la mesura, el equilibro, la sobriedad, la moderación y la humildad. En la mitología griega se decía que alguien era víctima de hubris cuando su propia soberbia le llevaba a perder su pedestal de gloria.

Considera el ejemplo de humildad de Rafa Nadal.  Ha conseguido una hazaña histórica con su 21º grand slam. Muchos admiran sus grandes logros y se preguntan ¿cuál es el secreto del liderazgo personal de Nadal? ¿Cómo se llega hasta la cima y se mantiene en ella? En el grand slam, las probabilidades no estaban a su favor. El big data le daba un 4% de posibilidades de ganar. Sin embargo, la humildad y la perseverancia ganaron sobre los datos una vez más. 

¿Qué lecciones podemos aprender para mejorar la efectividad de los líderes empresariales y políticos? La lección fundamental es que el hubris mata al éxito, mientras que la humildad lo sustenta.  Muchos de los que llegan al éxito, sufren de lo que se conoce como el “síndrome de hubris.” Rafa Nadal claramente no padece de hubris. No tiene un ego desmedido, no muestra arrogancia, no tiene una percepción de omnipotencia. ¿Qué dicen los que le conocen bien? Sus propios rivales y amigos como Federer, destaca tres virtudes: su ética de trabajo, su dedicación y su espíritu de lucha. El liderazgo personal se mide en los momentos difíciles. Ante las dificultades algunos se derrumban, pero otros como Nadal resurgen y salen fortalecidos. Tiene resiliencia emocional – confía en sus habilidades y cree en sí mismo. Incluso Djokovic resalta el espíritu de lucha, la pasión y la determinación de Nadal como luchador nato que nunca deja de creer en sí mismo. 

La lección de liderazgo para los directivos es clara: se puede creer en uno mismo y mantener el ego a raya. Las personas humildes son mejores jefes y tienen un éxito más sostenible. Sin embargo, cuando los líderes de las organizaciones tienen una excesiva confianza en sí mismos, corren el riesgo de despreciar la opinión de los demás. Una autoconfianza exagerada les hace perder el equilibrio y la mesura. Este sentimiento de superioridad sobre los demás hace que no escuchen los consejos de quienes les rodean. Y así poco a poco se van alejando progresivamente de la realidad hasta que les llega el fracaso. Toman decisiones demasiado arriesgadas sin tener en cuanta otros puntos de vista. Creen que sus ideas son las correctas y no reconocen sus errores. La virtud está en la justa medida.

El mejor tratamiento contra el hubris es poner las cosas en perspectiva. Darse un baño de humildad y rodearse de aquellos que te conectan con la realidad. Por ejemplo, en el caso de Rafa Nadal se ha sabido rodear de personas que le mantienen conectado con una realidad que va más allá del tenis. Su tío y mentor Toni Nadal decía: “Es una barbaridad creerse importante por pasar una bola por encima de la red.” 

Liderar personas desde la humildad es reconocer que nadie es perfecto y que el éxito depende del talento de muchos. Muestra tu vulnerabilidad. Pide ayuda cuando lo necesites y se el primero en reconocer tus errores. Celebra los éxitos de los demás para que todos pueden brillar con luz propia. Sólo así vas a movilizar los corazones y las mentes de las personas para conseguir un propósito transcendental que busca el bienestar colectivo. 

Este artículo está publicado en Leadership Standard (Marzo 2022) y Human Resources Portugal (Abril 2022). Gracias a Rosa Aranda de IE University por la invitación. 

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Author Margarita MAyo

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